Espiritu educador

1.6- MI ESPÍRITU INNOVADOR

Una descripción más detallada puede verse en el libro Polinizando mi vida.

La tarea de educar forma parte de mi esencia profesional. Creo haber nacido con esta misión. De hecho he intervenido en todos los niveles educativos, desde la enseñanza de la lectoescritura, pasando por bachillerato y formación profesional hasta recorrer todos los cursos y grados universitarios, desde primero hasta la coordinación y docencia en doctorado. Quienes me conocen dicen que podría haber sido un buen profesor de Lengua en bachillerato. Creo que cualquier tarea formativa me iría bien porque veo la tarea formativa como una oportunidad para trasmitir valores humanos, sociales, medio-ambientales y planetarios. Es lo que llamaría “espíritu educador”. Por eso entiendo que mi Yo, no es el de un trabajador de la enseñanza, ni el de un docente o instructor que cobra a fin de mes, sino de un docente con espíritu innovador.

¿Qué entiendo por espíritu educador? Es una mezcla de aspiración, inquietud y pasión por trasmitir valores humanos, sociales, éticos, medioambientales y espirituales a aquellas personas, niños, jóvenes y adultos, en proceso de formación. Poseen este espíritu aquellos docentes que aspiran a desarrollar los potenciales específicos de cada estudiante, estimulan las competencias para la vida, actitud creativa y autonomía, pensamiento crítico, actitud innovadora y capacidad emprendedora. El espíritu educador también es innovador. Intenta sorprender con algo nuevo a sus alumnos. No se limita a enseñar, sino que intenta reencantar a sus alumnos, enfocando su actividad desde y para la vida. Concibe su misión como “ayudar a Ser”, esto es, acompañar para que descubran y desarrollen todas sus potencialidades.
Al preguntarme qué caracterizaría mi espíritu educador en esos 45 años de docencia, me vienen a la mente algunas actitudes, creencias y actuaciones. Podrían servir de ejemplo, entre otras: la actitud abierta al cambio, la creencia en el poder del reconocimiento, dedicación al estudio y formación en creatividad, las estrategias como expresión de la Didáctica, impulsar el cine formativo como estrategia innovadora, crear nuevas estrategias para la docencia, promover el autoaprendizaje del alumnado, conectar la docencia con la investigación.

Entraba feliz en esas clases porque sabía que íbamos a disfrutar todos. Los alumnos eran los principales agentes de su formación. En esas clases surgieron conceptos como “sentipensar” y estrategias como iniciar con música, Preguntando al profesor, Día de la palabra, Día de la música, Día de los murales (plástica), Excursión a la biblioteca, Mi yo creativo, Problem solving, Aprender del medio, Autopista multisensorial, Escenificación creativa, Clase fuera del aula, Exposiciones que sorprendan, Percepción creativa, Diálogos analógicos, así como la creación de diferentes instrumentos referidos a la creatividad, estilos sociocognitivos, de aprendizaje, de evaluación docente, evaluación a la carta. Las clases eran una fuente de inspiración, aprendizaje y creación para mí. Cuestiones como aprender de los errores y comunicación no verbal, surgieron al dejar a los alumnos en libertad de aprender.

Como dice Rubén Alves, el profesor no muere nunca. ¡Qué hermosa profesión!. Si naciera de nuevo, volvería a ser docente con espíritu educador-innovador.

Es cuanto puedo decirte:

si renaciera de nuevo

otra vez elegiría

la profesión de maestro.

No hay cosa más valiosa que dejar en los demás la huella con la que queremos ser recordados.

Compartelo con tus amigos en las redes sociales.Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn