Lo que aprendí de mis errores en la enseñanza

2.4 LO QUE APRENDÍ DE MIS ERRORES EN LA ENSEÑANZA

Una descripción más detallada puede verse en el libro Polinizando mi vida. 

El mejor espacio de aprendizaje de un profesor es el lugar de trabajo, en contacto con alumnos y compañeros. Se puede aprender de los logros, de lo que sale bien, de las innovaciones llevadas a cabo. Es lo habitual. Pero si entendemos la acción de enseñar-aprender como un proceso complejo e interactivo, también se puede aprender de los errores y fallos cometidos. Aprendí muchas cosas de los alumnos, de sus intereses, inquietudes y temáticas que luego convertiría en proyectos de investigación. Uno de ellos ha sido precisamente Aprender de los errores.  Fueron alumnos de doctorado, inspectores, quienes me indujeron a estudiarlo inicialmente con ellos. Y sí, aprendí varias lecciones de mis propios errores en la enseñanza. Errores que quiero compartir con otros docentes y posibles lectores de este blog para seguir aprendiendo juntos. Su formulación adopta una expresión paradójica en algunos casos.

Estos son los principales enunciados en los que el error y la reflexión sobre el mismo forman un tándem.

– No por mucho hablar se enseña más.

– El aprendizaje es inversamente proporcional al tiempo percibido.

– El silencio no es un vacío por llenar, sino un lleno por explorar.

– “Enseño” más cuanto menos enseño.

– La teoría aburre, la práctica cansa, el diálogo anima.

– Reconocer es recrear.

– El método forma.

– Vale más un impacto que mil explicaciones.

– En todo aprendizaje significativo hay implicación emocional.

– Es mejor sugerir que pedir, proponer que obligar, reconocer que criticar.

– El conocimiento no cambia a las personas.

– Nos cansan las repeticiones informativas, pero gratifican las afectivas.

No son las únicas expresiones nacidas de la reflexión sobre mis errores e inexperiencia, sino una muestra de cómo podemos trasformar el error en oportunidad.

  1. No por mucho hablar se enseña más. Piensa el profesor novel, y no tan novel, que su principal función es la de enseñar, es decir explicar; que el sueldo que recibe se justifica por hablar en el aula. Algunos siguen pensando que cumplen mejor con su función docente cuando dan información, instruyen o realizan largas aclaraciones. Incluso salen del aula satisfechos de la buena lección dada. Craso error, porque no por largas explicaciones se enseña más. Un ejemplo evidente a todos es el de los políticos. Hablan y prometen más que hacen. Los mítines y peroratas son para los que ya están convencidos. El buen vendedor no lo es por lo que dice, sino por lo que consigue.
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